Casa de Cultura Huitzilin resiste a la violencia en Ecatepec

Desde hace más de una década, el amor por el arte y la cultura llevó a Nashely Hernández García y a su esposo, Jorge Arturo Padilla, a convertir un proyecto comunitario en una casa de cultura que actualmente abre sus puertas de manera gratuita a niños y adolescentes de Ecatepec, el municipio más poblado del Estado de México.

Se trata de la Casa de Cultura Huitzilin, proyecto vecinal que comenzó desde 2013 en una zona donde la violencia y las condiciones urbanas representan uno de los principales obstáculos para acceder a las artes en esa comunidad ubicada al norte del Valle de México.

La iniciativa comenzó cuando un grupo de jóvenes universitarios decidió organizarse para realizar trabajo comunitario, quienes con un triciclo recorrieron las calles para solicitar la donación de libros, logrando reunir alrededor de 5 mil ejemplares que dieron forma a una biblioteca provisional.

Con el paso de los meses, la iniciativa alcanzó a ocupar el primer espacio propio, habilitado al interior del mercado Los Arbolitos, en la colonia 19 de Septiembre, sitio que se convirtió en una biblioteca popular, una casa de cultura rodeada de locales comerciales de comida y frutas.

Nachelly Hernández García, directora de la Casa de Cultura Huitzilin, recuerda que el proyecto surgió como una iniciativa de jóvenes que buscaban acercar el conocimiento a la comunidad, aunque posteriormente, cada integrante comenzó a aportar sus propios conocimientos para impartir clases.

“En el 2013, varios jóvenes universitarios nos organizamos para hacer labor comunitaria. Entonces ahí fue cuando fundamos una biblioteca popular. Fue dentro de un mercado popular en la comunidad de Ecatepec. Ahí nosotros empezamos a colectar libros por medio de un triciclo y salíamos a solicitar libros en las calles. Entonces así fuimos armando un acervo cultural”, contó.

Por cuatro años los libros permanecieron al interior del mercado, donde encontraron una respuesta positiva de los habitantes y clientes que acudían a realizar sus compras diarias. Ahí, vecinos donaron libros, muebles, una computadora y bocinas, mientras los propios jóvenes cooperaban para pagar la renta del espacio.

Con el paso del tiempo, el proyecto comenzó a crecer y, posteriormente, un vecino les prestó un domicilio para que pudieran continuar con las actividades sin pagar renta, aunque desde hace cinco años, la Casa de Cultura Huitzilin funciona en la vivienda de Nachelly y Jorge Arturo, ubicada en la calle Roca, en Jardines de Morelos.

El proyecto se encuentra en una zona ubicada entre Jardines de Morelos y la Laguna de Chiconautla, dos de las colonias donde habitan más de 100 mil habitantes con rezagos de servicios públicos, como drenaje, pavimentación y abastecimiento de agua potable.

Ante ello, la directora Nashely Hernández García reconoce que las condiciones del entorno representan uno de los principales retos para mantener las actividades, pues se trata de una zona donde existe venta de drogas y durante este año se han registrado varios homicidios por impactos de bala.

A ello se suman las dificultades para llegar al lugar, debido a que algunas calles suelen inundarse o encontrarse en condiciones que dificultan el tránsito.

“Estamos entre la división de la Laguna de Chiconautla y pues sí, es una zona de venta de drogas. Este año ya ha habido varios muertos a causa de impactos de bala y todo esto. Entonces, también el acceso para nuestras calles es un poco difícil porque se encuentra atrás del CBTis 202 y está difícil pasar; casi siempre están inundadas las calles o ya están intransitables”, reconoce.

Pese a esas condiciones, la pareja decidió mantener abierto el espacio y concentrar sus actividades principalmente en niños y adolescentes de entre seis y 18 años, aunque algunos de los jóvenes que superan esa edad incluso se han incorporado como voluntarios y colaboradores en las labores comunitarias.

Ahora, con el apoyo de voluntarios y donaciones, los jóvenes de esta zona de Ecatepec cuentan con actividades gratuitas dentro de Huitzilin, entre ellas talleres de música, dibujo, inglés, teatro, cocina, manualidades y huertos, además de otras actividades que los maestros voluntarios proponen.

Y es que la casa no cuenta con apoyo gubernamental, por lo que sus integrantes han mantenido el proyecto mediante recursos propios, trabajo voluntario y donaciones en especie realizadas por algunas familias.

“Todo es totalmente gratuito. No pedimos nada de dinero. Hay algunos papás o mamás que nos ayudan a veces a traer un papel de baño, un cloro, un pino o hojas, cosas que son para los niños. Pero no manejamos nada de efectivo. Mejor, si alguien gusta apoyarnos, aceptamos donaciones en especie”.

Entre los colaboradores hay profesionistas y estudiantes vinculados con distintas disciplinas. Nachelly es abogada y su esposo, Jorge Arturo Padilla, es ingeniero en soldadura y maestro de música. También cuentan con personas especializadas en teatro, artes y música.

Entre ellos Gerardo Jara, maestro de música; Gio Gallardo, maestra de teatro; Bruno Nava, maestro de dibujo, administradora y directora de teatro: Berenice Escalera, además de un doctor que ofrece los servicios médicos en la vivienda: Ángel Guerrero Arriaga.

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Redacción
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